HOLA AMIG@

Amigo de las letras y de los sones que ellas encierran, agradezco tu presencia en esta sinfonía de palabras, que sólo enmudecen para escuchar tu silencio. El precioso silencio de quien disfruta de la lectura. Te dejo mis versos y mis cuentos, para que vayas despacio, hacia tu propio encuentro.

lunes, 10 de octubre de 2011

Dudas


El inquisidor hizo decapitar al apóstata por afirmar que Eva nunca existió. De todos modos, no es tan grave, pues el santo oficio preve el perdón si se confirma la sospecha de que el ánfora encontrada en el paraíso pertenecería a Pandora.

Eduardo Albarracín

domingo, 2 de octubre de 2011

El alcane de los sueños

Esa mañana, por el apuro impuesto por la rutina, el hombre salió de casa dejando olvidado el sueño sobre la almohada.
Cuando se dio cuenta de su descuido, quiso volver corriendo a recogerlo, pero ya era tarde.
Su sueño se había diluido en la incertidumbre de “si valdría la pena”.
Menos mal que yo andaba por ahí, soñándome; y así pude aprender que hay una sola forma de no olvidar los sueños y es soñándolos siempre, aún después de cumplidos, porque todo en la vida es perfectible.
Incluso la propia muerte.

Eduardo Albarracín

El Mendigo

El pórtico del templo luce su arte sacro. Las imágenes celestiales muestran sus figuras desgastadas por las innumerables “tomas de gracias” del maremágnum incesante, que traspone sus umbrales en busca de un pedacito de cielo que lo trasponga aunque sea por un instante.
Sentado en el piso, con su barba enmarañada y sucia, y las manos llagadas, estiradas suplicantes ante el gentío que pasa, el mendigo desangra su impotencia y bebe el trago amargo de la indiferencia de sus hermanos.
A la tarde, cada tarde, cuando el templo cierra sus puertas, él regresa manso a la cruz que se alza sobre la roca. Desde lo alto la visión del mundo es diferente.
Entonces vuelve a perdonarlos.

Eduardo Albarracín

Mi noche

La noche, mi noche,  se vistió de seda. Tenue y sutil su velo bajo las estrellas, dejaba ver su cuerpo desnudo de sensual penumbra.
Mis manos, como brisa deslizándose traviesas entre el encordado de un arpa melodiosa, acariciaban su silueta sinuosa y atrevida.
Cuando llegaron ansiosas a la cúspide de su vientre, hubo un destello de amaneceres que borraron el perfil de mi memoria.
Ahí comprendí que la noche se vuelve aurora sólo cuando el amor roza la locura.

Eduardo Albarracín

sábado, 17 de septiembre de 2011

Mentiras


Suave preludio de noche profunda
entre líneas oblicuas
de horizontes decantados;
y un compás de espera
entre las horas marchitas
de mi ayer y tu mañana.
Amanece ahora
en mis brazos abiertos,
extendidos de cruda nostalgia,
abrazando el ocaso encendido
de mareas y corales
allende las distancias.
Ven que ya no puedo
estirar más mis cansadas manos,
Ven y quémame  los labios
con la braza ardiente de tu palabra,
y dime, por última vez, que me amas.
Aunque mienta tu boca
y lo sepan las razones,
te lo creerá la ilusión de mi alma

Eduardo Albarracín

viernes, 16 de septiembre de 2011

Despertar

Despertar de pájaros.
Alas  tempranas de soles por nacer;
sinfonía de vientos
acallados en plumajes,
suaves trinos de augural fragancia
entre el follaje
de la vida que se abre
en el silencio de la flor.
Cuantas melodías
en la crucial vanguardia
arrean banderas vacuas
para darle al poema
una razón más.
Espíritu primero
de las aguas inaugurales
mantén la distancia.
Uno es el pájaro,
otro la flor;
dos son corazones amantes,
uno solo el amor.

Eduardo Albarracín

sábado, 3 de septiembre de 2011

Sones del ayer


Sones de cuerdas atrapan en vuelo
las mariposas que mis sueños
soltaron aquella tarde;
cuando en mis trémulas manos,
y entre zozobras de agitados mares,
se mecía impávido el frágil velero de tu alma.
Musas errantes de intrincados pentagramas
lloran en preludios de amaneceres
tu partida y mi distancia,
jugando al olvido entre lágrimas
para no perder la costumbre
que  tienen los amantes,
de encender los  lujuriosos candiles de la mirada
cuando ya todo se apaga.

Eduardo Albaracin