HOLA AMIG@

Amigo de las letras y de los sones que ellas encierran, agradezco tu presencia en esta sinfonía de palabras, que sólo enmudecen para escuchar tu silencio. El precioso silencio de quien disfruta de la lectura. Te dejo mis versos y mis cuentos, para que vayas despacio, hacia tu propio encuentro.

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domingo, 11 de diciembre de 2011

Impertinencias

                                                                                                          (Picasso)

¿Qué me dices de la impertinencia del espejo?
¿Has reparado, acaso, en su blasfema reticencia,
al devolver distorsionada tu imagen?
No puede hacerte eso, tú no lo mereces.
¿cómo puede, el insolente,
mostrar esas arrugas esquinando tus ojos,
y esas muecas sutiles que desdibujan tu boca
cuando sonríes?
Tus manos tersas, opacas él las muestra,
y tus sutiles ojeras en remarcarlas se empecina.
Duro con él, lo le perdones.
Así empieza y luego injuriándote termina.
No agradece las suaves caricias de tus manos
cuando lo limpias
ni el oleaje perfumado en que lo envuelves
cuando te alistas.
No cometas la osadía
de quitarte las ropas delante de sus ojos,
flácidas pueden verse tus piernas, de por sí esbeltas,
en ese vidrio sin escrúpulos,
y tus redondeces, capaz, se vean caídas.
No le creas, son celos de cristal y luna,
tú sigues siendo tan bella como antes,
con la diferencia, que la belleza ahora luce
en el adornado alhajero de tu alma. 

Eduardo Albarracin

domingo, 10 de abril de 2011

Vanidad


Con el alma en penumbras
te contemplé  vanidad. 
Espesura vetusta de horizontes pretéritos,
como copos de noche
 apenas diluidos en tus ojos,
y en tu alma penumbrosa una queja de sombra.
Vanidad, tenaz y obsecuente
martirio de las flores abiertas
que en lluvia de pétalos desangran su esencia.
Nada perturba el filo de tu espada,
siempre afilada y certera
cortando las carnes en filones,
desgarrada y abierta,
en heridas que dejan al descubierto las miserias.
Vanidad, déjame ser, no me impidas serlo
que el ayer atenazante y oscuro
me devuelva la luz que me arrebató el escarnio.
Quiero contemplar el rostro de la mujer que amo
y en la libertad excelsa ser humildad encarnada.

(Imágenes tomadas de Internet)
Eduardo Albarracín