Lo ves llegar y ya estas cansada de imaginar pasar tantas horas sentada, ya sentis el fuego del aire caliente que entra, como respiro, por todas las ventanillas abierta de par a par y que te empieza a poner de mal humor; ya sentis el tierral que se incorpora y acompaña desde que èl, sale de la ruta y entra a los caminos olvidados por el tren y que aumenta tu mal humor y enoja; ya sentis la incomodidad de un asiento que salta, se balancea,y se vuelve tan angosto cuando se rebalsa de gente en cada parada; ya tus ojos ven la tristeza y soledad del paisaje llano y arido;ya llegas a tu limite de tolerancia material. Y al fin, Llega, subes de prisa y empiezas(muy en el fondo queriendolo, de otro modo nunca hubieras subido) a transitar, acompañar y hasta ser testigo, complice junto a èl, de las historias realista-magicas contadas; de las risas y picardias de los niños que van y vienen por el pasillo; de las angustias y dolor de miradas mimetizadas con la impotencia de la tierra, de alla afuera, sin lluvia; de las alegrias incontenidas de los que vuelven despues de años a sus origenes; de las manos asperas que llevan la harina para el pan casero; de la bella melodia del quichua que los une a todos y hace familia sin serlo.Y al final, bajas en tu destino y esperas ansiosa a que llegue de nuevo el momento en que lo veas venir entre los miles de hierro de la ciudad para iniciar el camino que te transporta a la aventura de vivir.
CLAUDIA MACEDO
FRIAS











