HOLA AMIG@

Amigo de las letras y de los sones que ellas encierran, agradezco tu presencia en esta sinfonía de palabras, que sólo enmudecen para escuchar tu silencio. El precioso silencio de quien disfruta de la lectura. Te dejo mis versos y mis cuentos, para que vayas despacio, hacia tu propio encuentro.

sábado, 19 de diciembre de 2015

VIEJA LLUVIA




Vieja lluvia
de insondable abismo,
acalla los ecos de tu memoria
para que crezcan mis recuerdos.
No me arrebates la nostalgia,
déjame soñar sueños inciertos;
que más allá de las alas
otros deberán ser lo vientos
que soplen las arenas áridas
de mis callados desiertos.
Vieja lluvia
mójame despacio, silente,
que el reloj de arena se detenga
y que pesado de aguacero
se dormite al umbral de mi tiempo.

E.A.
Colección "Poemas sin sal"

sábado, 28 de noviembre de 2015

ATARDECE (Una vez más)

 Érase una vez,
la lluvia y tu piel
y mis antojos...
La suave brisa,
grito del amanecer
y tus-mis ojos
enredados ya
en los finos despojos
del viejo ayer.
Así es el amor.
una ligera lluvia,
cántaro roto.

martes, 29 de septiembre de 2015

SEPTIEMBRE


Llenos de asombro
mis ojos desbordan;
hay lágrimas en el surco
y un río de sal
perfilando sus orillas.

Ha nacido la flor
y en su cáliz trae,
un vientre de pétalos
pariendo primaveras.

Asombra la vida
por su simpleza,
sólo la piel del alma
vibra en la agonía
de la semilla.

Y al volverse simiente,
opulenta aurora
de sueños perdurables,
sus manos suaves me consuelan.

La vida grita en el silencio de las hojas.

E.A.
Poemas sin sal

jueves, 24 de septiembre de 2015

DE AYERES Y PRESENTES


En el silencio oblícuo
que la noche traza
con su mudéz de infinitos,
mi voz perpleja
de sueños truncos
arrebata estrellas de ceniza.
Nada ha quedado
de aquella hoguera
que suave ardía en tu grito,
cuando la prisa de las horas
desmoronaba relojes
de arenas movedizas.
Silencio y grito;
tu boca ardiente
y mi fuego lento
quemando recuerdos inertes.
La cruz del sur es apenas,
una sombra que pasa.

E.A.
poemas sin sal

sábado, 5 de septiembre de 2015

Locura


¿Dónde queda ese infierno,
hipoabisal y siniestro
que debora los sueños?
Acaso es sólo un desierto de tumbas acuas
que flota sobre las arenas embebidas
donde el sol a rayar no alcanza?
¿Solamente será eso, o habrá otras
profundas y siniestras sombras
más cerca de la superficie,
escribiendo destinos a fuerza de locura y balas?
Mira mi niño muerto en brazos de la espuma,
mira los ojos de su madre morena
llorando el presagio de inciertas auroras
mientras el mundo gira/
hacia su destino de tormenta.
Recoge las velas ahora y duerme,
duerme mi niño en las playas solariegas
donde no llegan los misiles,
donde la muerte se sosiega y espera;
espera que la luz del alba
opaque los ojos de los que sin ver miran
de qué cruz colgarán los despojos/
de la vida.


¡PAREN LALOCURA DE LA GUERRA!

lunes, 24 de agosto de 2015

Una Nueva Eternidad

¿Quién tendrá a mano una espada
rasgadora de vientos,
que en relámpagos dibuje
arcoiris de acero?.

Necesito cortar el céfiro
en trozos más que pequeños,
dividir las aguas,
herir la corteza del fresno.
Necesito un soplo nuevo,
aquí en el pecho,
una nueva lluvia cayendo despacio/
desde muy adentro
y un perfume de madera/
calándome los huesos.
Necesito tallar auroras nuevas,
con una creación de pájaros
revoloteando sobre el pecho
y una voz de sauces,
llorando plañideros la muerte/
del sol poniente.
Necesito un día nuevo,
donde tú y yo nos reencontremos/
desde siempre.
Una nueva eternidad/
sin angustias y sin miedos/
sin adioses y sin regresos.
Eso busco, eso sueño.

martes, 18 de agosto de 2015

He roto el pacto



                                     
No pudo el silencio
ganarle a mis silencios
                           -rotos en otras contiendas-
cuando la palabra
                           -a borbotones-
desangraba mis secretos.
Se abrieron como flores de yeso
                           -en la sequedad del desierto-
para fertilizar el hambre
que tienen los versos,
                           -en el hueco tibio de mi voz reseca-
Para gritar en vano,
                          -mientras bate rojos pañuelos-
la original confesión de la sangre
que mi silencio transgresor
tergiversa a los cuatro vientos.
He roto el pacto.
Ahora vuelvo avergonzado
                         -rendido de tanto verbo-
a mascullar los gruñidos
de mi voz quebrada y absuelta.
                      -Nunca aprenderé-
me condena el sórdido rumor
de los poemas y sus pies descalzos
pisando las hojas que quemó el invierno
                        -cuando tu apagabas el fuego-
que ardía en nuestros pechos.