Imagen tomada de la web |
Cuando la oscuridad nos gane,
cuando ya no haya luz que brille
ni de lunas ni de estrellas albas.
Cuando ya no haya sones,
cuando el silencio nos absorba,
cuando la palabra calle
y los ecos sean callejones de sombras.
Cuando el mar se agote,
cuando el prado se reseque en peladales
y ya no haya flores.
Cuando el arcoíris se cierre
y sus siete cromos se apaguen,
cuando ya no existan los pájaros
y sus alas se recuerden quebradas.
Cuando tus manos libres de culpas
acaricien las soledades
buscando una hendija por donde tocarme,
y tus lágrimas inútilmente derramadas
se evaporen en los roquedales,
habrás descubierto que te amaba,
pero ya será tarde.
Tus ojos se habrán cerrado y yo,
desde la distancia contemplándote.
Desde la lejana galaxia donde el polvo
de mis sueños haya condensado su morada.
Eduardo Albarracín
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